miércoles, 28 de octubre de 2009

CANTIDAD O CALIDAD EN LA EDUCACION

Es muy sabido que la educación en México (como en otros tantos países en vías de desarrollo) tiene muchas carencias, y a lo largo de la historia han sido enfrentadas de diferentes maneras; algunas han sido resueltas… muchas faltan por resolver. Considero dos de ellas prioritarias: la cantidad de alumnos que tienen acceso a la educación y la calidad de la misma.

Al respecto, algunos autores señalan que el contraponer el desarrollo cuantitativo a la mejoría cualitativa puede llevar a tendencias elitistas en donde solo algunos tengan acceso a este tipo de educación.

Por otro lado es importante que se den las mismas oportunidades de desarrollo a todas las personas por lo que la cantidad de educación impartida es relevante. Al respecto, hubo y continúa habiendo una expansión de la cobertura de la escuela, pero junto con ella un crecimiento de la población estudiantil.

Por lo anterior es importante reflexionar sobre lo que nos menciona Gramsci (en Lerche, 1995) :

“dado que no puede existir cantidad sin calidad y calidad sin cantidad, toda contraposición de los términos es, racionalmente un contrasentido. En realidad se contraponen una cierta calidad a otra cierta calidad, una cierta cantidad a otra cierta cantidad”.

Por lo mencionado anteriormente, se crea la disyuntiva ¿qué es mejor, calidad o cantidad en la educación? ¿Será una buena opción dar educación a todos, aunque debido al presupuesto asignado a la misma, esta no pueda ser de la calidad deseada?, o bien ¿pensar en dar educación de calidad que por su alto costo solo pueda darse a comunidades privilegiadas? Mejor aún, ¿podrán ambas características reunirse en un proyecto donde la cantidad y la calidad vayan de la mano?
Hoy en día (nos dice Alejandra Paula), “el desarrollo cuantitativo del sistema no tiene ningún sentido progresista si no se redefinen aspectos cualitativos que tienen que ver con el grado de satisfacción efectiva de las necesidades básicas de aprendizaje de los individuos.” Por tal motivo parece necesario definir lo cualitativo, esto es la calidad en la educación.
Ahora bien, es preciso definir a la calidad en cada situación particular, ya que no es un valor absoluto. Así se le podrán atribuir a la Calidad diferentes significados que dependerán de la perspectiva desde la cual se la mire, de la realidad social, de los sujetos que la enuncian y desde el lugar en que se hace. Por lo tanto, la definición de calidad de educación conlleva un posicionamiento político, social y cultural frente a lo educativo.

Por el momento, parece pertinente retomar la definición de Alejandra Paula (2000), quien nos dice que “el concepto de calidad de la educación es polisémico, multidimensional y contextualizado. Alude a un rasgo o atributo de lo educativo, referido a distintos niveles (macro y micro) y a múltiples dimensiones de cada nivel; además, expresa concepciones de la educación, valores o criterios no siempre coincidentes. El punto focal de su acción es la educación definida como instancia de construcción y distribución del conocimiento socialmente válido”.
Relacionado con lo anterior, Alejandra Paula (2000) menciona que “una educación de calidad es aquella que promueve:
· La construcción de conocimientos psicológica, social y científicamente significativos.
· El desarrollo de procesos de pensamiento y estrategias cognitivas que le permitan al sujeto “aprender a aprender”.
· La apropiación de instrumentos para participar en la vida económica, política y social, contribuyendo a la construcción de un modelo social democrático.
· El desarrollo de habilidades básicas que posibiliten al educando, la inserción en condiciones adecuadas en el nivel siguiente del sistema educativo o la incorporación a la vida activa.
· La aplicación del conocimiento para operar sobre la realidad.
· La posibilidad de la duda y la discusión.
· La consideración de las características propias del sujeto de aprendizaje, en sus aspectos cognitivos, socioafectivos y psicomotrices”.

Por tanto, brindar educación de calidad a los alumnos, les da la posibilidad de integrarse productivamente a la sociedad, ya que actualmente las exigencias de competitividad a nivel mundial obligan a que toda aquella persona que aspire a una superación en diferentes ámbitos de su vida, cuente con las habilidades y competencias necesarias que el lugar donde se desarrolle requiera; por ello es importante que la educación (formal o no formal) a la que haya tenido acceso sea de calidad.

De esta manera se requiere que, en lo que respecta a la educación formal, haya a la brevedad una optimización de la enseñanza, es decir, la mejoría de las condiciones didácticas y pedagógicas para poder brindar una educación de calidad.

Al respecto, en la actualidad existe un sistema educativo en el cual la calidad está sumamente deteriorada y cuestionada. Tenti Fanfani (en Paula, A. 2000), expresa: “... en efecto, resulta lamentable tener que afirmar que el deterioro de los insumos del proceso educativo (caída del gasto, deterioro del salario docente, disminución del tiempo de aprendizaje, etc.) no puede menos que producir un empobrecimiento de los procesos de producción del aprendizaje y por lo tanto, una pérdida de calidad de los productos educativos”. De esta manera la Calidad de la Educación es considerada un tema conflictivo en el ámbito educativo, enfrentándose a diversas posturas en los diferentes momentos históricos.

Por todo lo anterior se hace manifiesta la importancia de que un propósito esencial en nuestra sociedad sea mejorar la calidad y la cantidad educativa, en donde debe lograrse la igualdad real de oportunidades y el derecho de todos a aprender, como lo enuncia nuestra constitución. Esa igualdad de oportunidades no significa que todos accedan a la escuela, sino que accedan a la escuela que necesitan, teniendo en cuenta su realidad social y cultural.

De esta manera, si se logra conseguir el vínculo entre cantidad y calidad del servicio educativo, la adquisición de conocimientos y competencias, se acompañará de una apertura cultural y del despertar de la responsabilidad social, con lo que se promoverá el desarrollo de individuos autónomos, capaces de adaptarse a los cambios permanentes y de enfrentar sin cesar nuevos desafíos.


“Quien vive para servir,
sirve para vivir”.

Mónica Ruíz Rodríguez




Lerche, S. (1995). Concepciones de la Calidad y Educación Superior.
En Perfiles Educativos, julio-septiembre, núm. 69
México: UNAM

Paula, A. (2000). “Un aporte sobre calidad en educación”. http://www.educar.org/articulos/Calidadeneducacion.asp

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